Un día entendí el amor a primera vista, fue ese día que Pili me contó que se casaba.
- Me caso, me dijo con una sonrisa eternamente feliz.
Yo me quedé boquiabierta, se me cruzaron miles y miles de imágenes en la cabeza. La noche de la fiesta, Pili en la iglesia, Matías con esa sonrisa tan parecida a la de su flamante novia. Me imaginé yo en esa situación, se desvaneció fue rápido, y de vuelta volvía Pili y su sonrisa, que seguía intacta. Busqué sus ojos, la observé detenidamente. Estaba igual que siempre, perfecta en su vestimenta, sus aros, su pelo y como olvidar su flequillo, planchado obvio. Sin embargo, había algo en sus ojos, en su alma: estaba enamorada.No pude sacar las palabras correctas, pero un abrazo que parecía no terminar y una mirada sincera, parecieron ser aceptados por mi amiga. Sonreí, me sentí feliz por ella.
Igualmente, ese día no fue que entendí el amor a primera vista. Fue una noche. Fría y estrellada, muy invernal, pero de fiesta. Ahí me encontraba sola, mi novio no había podido concurrir. Sola y lo extrañaba. En eso, la veo entrar a Pili de la mano de Matías, impecables los dos, parecían tallados a mano, ni una arruga. Ni un nada. Ella y él en su esencia más profunda, tenían el aura que hace que todos nos demos vuelta a mirarlos. Me parece que es el amor que toda mujer, y porque no todo hombre, imaginó tener alguna vez. Toda la noche quedé atónita mirándolos, sentía que podía hacerlo por horas, cada cosa que hacían era una demostración de amor puro. Muy puro.
Me sentí muy feliz por Pili nuevamente, tomé un vaso de Champaign, y llamé a los novios. Brindé por ellos. Por fín había encontrado las palabras correctas para demostrar que realmente estaba contenta por mi amiga.
- ¡Te felicito Pili! , le dije.
A lo mejor parece tonto, pero cuando algo se dice de verdad y con sentimiento, es lo que queda. Lo que se transmite. Los estaba felicitando a los dos por haberse conocido en tan poco tiempo y haber logrado ser felices. Creo hay parejas casadas hace mil años que todavía no consiguen quererse de esa manera, y eso fue lo que me demostraron los dos esa noche. No importa el tiempo que vayan juntos, sino lo que son cuando están juntos.
domingo, 13 de septiembre de 2009
martes, 1 de septiembre de 2009
Saddly Fucked: is love alive?
Cada vez más sola, más vieja y más aburrida. ¿Eso es lo que llaman la soltería? No lloro una vez a la semana como Shakira, ojalá. Sino todos los días, no hay uno que deje atrás, triste sin duda. Pero real. Esos son mis momentos…mis catársis. Lagrímas. Humedad. Llanto.
Míos y de nadie más, pero de todos y para todo el mundo. Así de ambiguos, así de mujer.
Míos y de nadie más, pero de todos y para todo el mundo. Así de ambiguos, así de mujer.
miércoles, 1 de abril de 2009
Las lágrimas
Y ahí yacíamos los dos. Apretados en una cama, yo con la cara humedecida por las lágrimas y socavada en un inmenso dolor, y él con la mirada perdida en algún lugar de mí ser acariciándome los brazos.
Y así estuvimos por horas. La habitación en silencio, el sol que dejaba de alumbrar, el ruido de mi nariz revestida de angustia. Cuando la oscuridad impregnó la sala, se interrumpió el silencio: No llores, me dijo.
No supe qué decir, me congestioné nuevamente en un sollozo que no parecía tener fin, lo abracé con fuerza, lo besé con aún más fuerza. Me aparte y me fui a lavar cara.
Y ahí quedó él. Con la habitación en tinieblas, sometido en sus pensamientos. Y entendimos. Y nos entendimos.
Entre la oscuridad y el silencio pudimos encontrar el verdadero amor, la felicidad compartida.
Y así estuvimos por horas. La habitación en silencio, el sol que dejaba de alumbrar, el ruido de mi nariz revestida de angustia. Cuando la oscuridad impregnó la sala, se interrumpió el silencio: No llores, me dijo.
No supe qué decir, me congestioné nuevamente en un sollozo que no parecía tener fin, lo abracé con fuerza, lo besé con aún más fuerza. Me aparte y me fui a lavar cara.
Y ahí quedó él. Con la habitación en tinieblas, sometido en sus pensamientos. Y entendimos. Y nos entendimos.
Entre la oscuridad y el silencio pudimos encontrar el verdadero amor, la felicidad compartida.
domingo, 11 de enero de 2009
Sobreviviendo
Todo resultó ser desgarrador. Todo resultó ser. Todo resultó. La brisa marítima con onda pueblerina de Uruguay llenaba mis pulmones con una tristeza infalible, que nadie pudo quitarme jamás. Siempre recordaré esos días. Días llenos de incertidumbre por no saber cómo organizar la jornada, mi cuerpo y mi mente. Había tantas cosas por hacer, pero antes que nada, debía ocuparme de las cenizas de mi padre. Cuando el sol asomaba esa mañana de enero, él cerraba sus ojos para sumergirse en la eternidad. Los pájaros nunca corearon como aquel día, el sol nunca deslumbró de esa manera, y yo nunca me había percatado de la seriedad de la enfermedad mi padre. Fui y seré un miserable egoísta. El médico me había advertido, el cáncer se había esparcido por todo su cuerpo. Yo, ignorante a mis sentidos, preferí disuadirme de lo que había sido un diagnóstico fatal. Jamás quise admitir que se estaba muriendo. ¿Por qué iban a quitarme lo único bueno de mi vida? Mi madre había muerto unos días después que yo nací. Al parecer, el parto o yo quizás, le había provocado una infección que ningún médico pudo sanar. Toda mi vida, todos estos años, se fueron esa mañana de enero. La luz interior de mi alma se iba apagando de a poquito, me sentía inútil, desolado y triste. Pero sobretodo, un mísero y desalmado egoísta. ¿Por qué le había huido a la verdad? ¿Por qué no me quedé al lado de mi padre? Nadie merecía morir solo. Nadie. Ahora que no esta, que su cuerpo y su alma se fueron, la desdicha no se apiada de mí y no me deja un minuto sin cargo de conciencia. Sin embargo, me lo tenía bien merecido. No habrá un día en toda mi vida, que no me pregunte por qué había reaccionado de esa manera. Mientras mi padre moría, yo había decidido irme de vacaciones a Costa Rica. Las mujeres, el mar, y la noche parecían buenos motivos para salir corriendo de mi abrumador pueblito en Uruguay. Ni un día nublado, ni un sí ni un no, todo para Carlos, y nada para Papá. En medio de mi libre albedrío y dos mujeres esplendorosas abrazándome, la recepcionista del hotel me dejó una nota bajo la puerta en la que se reportaba que mi padre había muerto. Tomé el avión de inmediato.
Ahí me encontraba frente a él que yacía muerto en su cama. Pálido como nunca y para siempre. Tenía esa mirada perpleja que llevaba continuamente. Lo miraba distante pero con atención, había envejecido mucho estos días y adelgazado como para morir. Supe que no había querido comer ni tomar, siquiera su dosis diaria de litro de whisky. Había estado mal, sin duda. Sin poder soportar más la angustia, rompí el silencio y lloré. Me abalancé sobre él, acariciándolo, pidiéndole perdón por haber sido tan mal hijo, por haber sido un ingrato, que en verdad lo único que me importaba era él y nada más que él. Sollozaba. Se me acabaron las palabras pero no las lágrimas, permanecí ahí hasta que me quedé dormido. En mi sueño, nos encontrábamos en el banco del frente de la plaza, yo, mamá y él. Mi padre no me dirigía la mirada. Me levanté tiritando y absolutamente todo transpirado. Supe que mi padre no hubiera querido un funeral grande, igualmente no teníamos a nadie más. Lo llevé al crematorio. En sólo dos horas mi padre cabía en una caja de madera de veinte centímetros. Había tantas cosas por hacer, pero primero debía ocuparme de las cenizas de mi padre. A lo mejor sigo siendo un hipócrita, miserable y estúpido hijo. Pero también había recibido el llamado de una de las asombrosas mujeres que dejé en Costa Rica. Partí.
Si pensabas que iba a ir a algún lado, es el mismo lado de donde vine. La soledad austera e injusta con la que viví toda mi vida, no era más que la mejor de las acompañantes. Hay cosas que nunca cambian, hay cosas y hay hombres.
Ahí me encontraba frente a él que yacía muerto en su cama. Pálido como nunca y para siempre. Tenía esa mirada perpleja que llevaba continuamente. Lo miraba distante pero con atención, había envejecido mucho estos días y adelgazado como para morir. Supe que no había querido comer ni tomar, siquiera su dosis diaria de litro de whisky. Había estado mal, sin duda. Sin poder soportar más la angustia, rompí el silencio y lloré. Me abalancé sobre él, acariciándolo, pidiéndole perdón por haber sido tan mal hijo, por haber sido un ingrato, que en verdad lo único que me importaba era él y nada más que él. Sollozaba. Se me acabaron las palabras pero no las lágrimas, permanecí ahí hasta que me quedé dormido. En mi sueño, nos encontrábamos en el banco del frente de la plaza, yo, mamá y él. Mi padre no me dirigía la mirada. Me levanté tiritando y absolutamente todo transpirado. Supe que mi padre no hubiera querido un funeral grande, igualmente no teníamos a nadie más. Lo llevé al crematorio. En sólo dos horas mi padre cabía en una caja de madera de veinte centímetros. Había tantas cosas por hacer, pero primero debía ocuparme de las cenizas de mi padre. A lo mejor sigo siendo un hipócrita, miserable y estúpido hijo. Pero también había recibido el llamado de una de las asombrosas mujeres que dejé en Costa Rica. Partí.
Si pensabas que iba a ir a algún lado, es el mismo lado de donde vine. La soledad austera e injusta con la que viví toda mi vida, no era más que la mejor de las acompañantes. Hay cosas que nunca cambian, hay cosas y hay hombres.
martes, 30 de diciembre de 2008
Deprisa, antes que entremos en razón.
Ya no me sorprenden las guerras, el mundo deja mucho que desear, y pensar que me habían prometido el paraíso. Pero aquí estoy, aquí me encuentro. Sumergida en el cosmos inevitable gracias a la unión de mis progenitores, que sin pensarlo me trajeron para el año 87. A lo mejor los hice felices, pero sólo a lo mejor. Hoy te puedo decir con la edad que tengo, que me encuentro pensando para mis adentros, triste. Triste por la visión que tengo, que con veinte años no puedo proyectar, no puedo crecer sin corromperme y no puedo progresar sin hundir a los de abajo. “Es el sistema”, escuché decir. La afirmación es como una apuñalada en el centro de mis principios, de mis valores y convicciones. Es un hecho que no pienso aceptar y por más incrédula que parezca ser, la vida se trata de opciones, de elegir, de tomar partido de un bando. Y yo ya lo hice. Ya no me sorprenden las guerras por el dinero, por el petróleo. Ya no me sorprenden las coimas y los corruptos. Ya no me sorprenden la frivolidad y la opulencia. Pero aquí estoy, aquí me encuentro. Hoy prendo la televisión y lo único que vende es el morbo, y pensar que lo canales de televisión y su gran monopolio, se depravan pagando y gastando millones de dólares en una noticia que no es noticia, sino por le mero acto de aparecer en televisión. Mientras hay gente que muere de hambre, de pobreza, de desolación y de egoísmo. Pero eso no es noticia, eso ya se sabe, esta en inconsciente colectivo de la gente. “Mirá ahí va un pobre, pobre, no?” Eso no es noticia por que alguna vez ya lo fue, y no hay nada más viejo que el diario de ayer.
jueves, 27 de noviembre de 2008
Escenas, palabras y tintes de alegría.
A pesar de que ese día me había sentido traicionada, tenía una sensación de que todo iba a ser mejor. Traicionada, irritada, frívola, descansada. A lo mejor sí era ese el caso. Vacía, tumbada, vendida, gastada. No sólo se me vienen palabras a la boca, sino escenas. Ella yacía mirándome con aires de ser alguien mejor. Yo, en cambio, la miraba perdida, tratando de encontrar a aquella chica que había sido mi amiga, mi colega, mi hermana. No se fundieron palabras en la atmósfera. Resoplos. Dio media vuelta y se fue. Se humedeció mi cara pero mi orgullo era tan fuerte que mis manos secaron las lágrimas que no querían ser vistas. Me paré y encaré el mundo… sola. Una vez más: triste, encantada, loca, desconsolada. Y así fue, y así enfrente mis miedos. No sólo me dí cuenta que la vida te da sorpresas, sino que la sorprendida era la vida.
jueves, 30 de octubre de 2008
Tibur, sabe y sabe como terminar historias.
Este cuento, es una historia que en principio no tenía fin, pero mi gran y queridísimo amigo Tiburcio Begue le puso un punto y aparte.
Te lo dije, se burlaba mi conciencia. Y tenía razón, yo sabía que hoy no era el día para despertarse, pero sino cuándo.
¡Ay! A veces me imagino porqué la conciencia nos habla después de hacer las cosas, o por lo menos a mi me pasa. Ella aparece siempre después de “lo hecho, hecho esta”.
Que injusticia cuando mi despertador con patas, mi papá, me levantó:”Vamos vieja, que estoy apurado” ¿Quién se puede levantar de buen humor así? Para empezar, no soy ninguna vieja, tengo años y estoy en pleno viaje todavía. Y después, interrumpe mi sueño cuando estoy a punto de besar a Martín. Debe ser que ni en sueños puedo cumplirlo.
Cuando llego al baño, rogando que por favor mis hermanos no hayan llegado todavía, veo la luz prendida. Mierda, maldecí. Encima, me tengo que aguantar que meen con la puerta abierta y sin levantar la tabla, “Ya te mudarás algún día” dije, tratando de calmarme, pensando que todavía era muy temprano para pelear. Entonces, sequé la tabla, hice pis, y procedí como de costumbre a la cocina. No sólo, que ya no me habían dejado tostadas, sino que ya se había acabado el café.
“Dale vieja, te dije que estoy apurado”, gritó mi papá del auto. Una vez en movimiento, pensé que las cosas se iban a calmar un poco. Pero no. El pie derecho de mi papá pesaba como veinte kilos ese día. En unas de sus maniobras, mi boca deja en libertad un “ooh”. Pero era ese “ooh” de cansada, de harta, de miedo y por todo lo que había sucedido desde que desperté. Fue entonces que mi padre abrió su boca y salió el sermón, entre gritos y palabras se escuchaban frases como: “Si no te gusta como manejo, te tomás el ómnibus ya”, “Si te hubieses apurado y levantado más rápido, no tendría que manejar así”. Entonces mi mente trató de pensar en algo neutral, en ese algo que piensan los hombres cuando están calientes, frente al todo el mundo, y no quieren que su miembro adopte otra forma. Pensé en el arco iris, en que si encontraba al enano dealer que tiene el tesoro y se lo robaba, podría comprarme el departamento en la cuidad. Pero no podría robárselo, claro que no, esos no eran mis principios. Aunque siempre y desde siempre existen los trueques. Un favorcito por acá y otro por allá. Pero, mujer, ¡¿Qué piensas?!
Entonces, se escuchó a mi padre que seguía enfurecido: “Y no quiero que te quejes más, con todo el esfuerzo que hago para…” Neutralicé mis pensamientos otra vez. Y pensé como mentía mi hermanito más chiquito, cunado decía que se dormía en la oveja 169. Mamá, para que se duerma le decía que cuente ovejas. Yo, por experiencia, sabía que contar ovejas era lo más aburrido del mundo, y que por lo general, cuando tenés sueño, los cuadrúpedos empiezan a golpear su cabeza contra la verja. Entonces, te sumerges en un sueño profundo.
Dejé mis pensamientos y le puse play a mi vida. Mi papá había terminado de sermonearme, pero era el turno de mi hermano. “Cómo te vas a olvidar la cartuchera, Marcos no podés ser tan irresponsable”, reclamaba mi papá sin el cinturón de seguridad puesto. ¿Qué ironía cierto? Bueno, muchos padres piensan que si chocan prefieren que les pase algo a ellos, y no a sus hijos. Pero para mí, no ponerse el cinturón era algo estúpido y que no entendía.
Como sentía que el ambiente no variaría mucho hasta que me bajara, decidí hacer de ese viaje un continuo circundar en mi pequeño mundo interior, puse Play. Allí estaba, con mi mirada perdida por al ventana y los pensamientos en lugares, aunque no me lo crean, impensados. No se como pasó, pero de repente mi mirada se perdió del todo y las pupilas adquirieron un peso inmanejable. Viajando, soñando, impensando ¿Qué tan lejos podes ir cuando ya estas más lejos de donde jamás estuviste? Pues ese día descubrí la respuesta.
Intentaré poner en palabras las sensaciones más variadas que jamás tuve hasta ese entonces. No fue solo un sueño, no fue solo el trayecto de mi casa a la facu, no fue la eterna discusión de papá con Marcos, no fue...es, es mi nueva realidad. Es este mundo que descubrí sin saber que estaba descubriendo un mundo. Por que está bien, mi conciencia no hablo aquella mañana, pero vaya que me dijo cosas en ese pequeño momento de lucidez inconciente.
Volví a mi sueño, después de todo era lo más lindo que me había pasado a lo largo del día. No voy a hacer una detallada lista de las cosas maravillosas que allí me sucedieron, pero sí, fue casi como siempre había querido que sea, con lujo de detalles y todo.
Así fue que me hice amiga de mi conciencia y empecé a escucharla más seguido, de tanto en tanto nos encontramos, hacemos un interesante intercambio de experiencias, yo desde mi perspectiva y ella desde adentro, me ayuda cuando las cosas no andan bien y hasta me tira una idea. Dicen que los publicistas tenemos que estar muy en contacto con ella, yo hago mi esfuerzo diario por permitirle uno que otro desliz y se esta volviendo cada vez mas divertido.
Es que esto de soñar despierta es como viajar, pero sin viajar, es saber que la “vieja” que me encuentro cada mañana en el espejo, de vieja solo tiene historia e ideas que contar, nada más que eso. Por eso, yo a mi conciencia la perdoné, esa mañana no habló, pero es que se estaba reservando la mejor parte. Desde ese día, tengo una nueva amiga.
Te lo dije, se burlaba mi conciencia. Y tenía razón, yo sabía que hoy no era el día para despertarse, pero sino cuándo.
¡Ay! A veces me imagino porqué la conciencia nos habla después de hacer las cosas, o por lo menos a mi me pasa. Ella aparece siempre después de “lo hecho, hecho esta”.
Que injusticia cuando mi despertador con patas, mi papá, me levantó:”Vamos vieja, que estoy apurado” ¿Quién se puede levantar de buen humor así? Para empezar, no soy ninguna vieja, tengo años y estoy en pleno viaje todavía. Y después, interrumpe mi sueño cuando estoy a punto de besar a Martín. Debe ser que ni en sueños puedo cumplirlo.
Cuando llego al baño, rogando que por favor mis hermanos no hayan llegado todavía, veo la luz prendida. Mierda, maldecí. Encima, me tengo que aguantar que meen con la puerta abierta y sin levantar la tabla, “Ya te mudarás algún día” dije, tratando de calmarme, pensando que todavía era muy temprano para pelear. Entonces, sequé la tabla, hice pis, y procedí como de costumbre a la cocina. No sólo, que ya no me habían dejado tostadas, sino que ya se había acabado el café.
“Dale vieja, te dije que estoy apurado”, gritó mi papá del auto. Una vez en movimiento, pensé que las cosas se iban a calmar un poco. Pero no. El pie derecho de mi papá pesaba como veinte kilos ese día. En unas de sus maniobras, mi boca deja en libertad un “ooh”. Pero era ese “ooh” de cansada, de harta, de miedo y por todo lo que había sucedido desde que desperté. Fue entonces que mi padre abrió su boca y salió el sermón, entre gritos y palabras se escuchaban frases como: “Si no te gusta como manejo, te tomás el ómnibus ya”, “Si te hubieses apurado y levantado más rápido, no tendría que manejar así”. Entonces mi mente trató de pensar en algo neutral, en ese algo que piensan los hombres cuando están calientes, frente al todo el mundo, y no quieren que su miembro adopte otra forma. Pensé en el arco iris, en que si encontraba al enano dealer que tiene el tesoro y se lo robaba, podría comprarme el departamento en la cuidad. Pero no podría robárselo, claro que no, esos no eran mis principios. Aunque siempre y desde siempre existen los trueques. Un favorcito por acá y otro por allá. Pero, mujer, ¡¿Qué piensas?!
Entonces, se escuchó a mi padre que seguía enfurecido: “Y no quiero que te quejes más, con todo el esfuerzo que hago para…” Neutralicé mis pensamientos otra vez. Y pensé como mentía mi hermanito más chiquito, cunado decía que se dormía en la oveja 169. Mamá, para que se duerma le decía que cuente ovejas. Yo, por experiencia, sabía que contar ovejas era lo más aburrido del mundo, y que por lo general, cuando tenés sueño, los cuadrúpedos empiezan a golpear su cabeza contra la verja. Entonces, te sumerges en un sueño profundo.
Dejé mis pensamientos y le puse play a mi vida. Mi papá había terminado de sermonearme, pero era el turno de mi hermano. “Cómo te vas a olvidar la cartuchera, Marcos no podés ser tan irresponsable”, reclamaba mi papá sin el cinturón de seguridad puesto. ¿Qué ironía cierto? Bueno, muchos padres piensan que si chocan prefieren que les pase algo a ellos, y no a sus hijos. Pero para mí, no ponerse el cinturón era algo estúpido y que no entendía.
Como sentía que el ambiente no variaría mucho hasta que me bajara, decidí hacer de ese viaje un continuo circundar en mi pequeño mundo interior, puse Play. Allí estaba, con mi mirada perdida por al ventana y los pensamientos en lugares, aunque no me lo crean, impensados. No se como pasó, pero de repente mi mirada se perdió del todo y las pupilas adquirieron un peso inmanejable. Viajando, soñando, impensando ¿Qué tan lejos podes ir cuando ya estas más lejos de donde jamás estuviste? Pues ese día descubrí la respuesta.
Intentaré poner en palabras las sensaciones más variadas que jamás tuve hasta ese entonces. No fue solo un sueño, no fue solo el trayecto de mi casa a la facu, no fue la eterna discusión de papá con Marcos, no fue...es, es mi nueva realidad. Es este mundo que descubrí sin saber que estaba descubriendo un mundo. Por que está bien, mi conciencia no hablo aquella mañana, pero vaya que me dijo cosas en ese pequeño momento de lucidez inconciente.
Volví a mi sueño, después de todo era lo más lindo que me había pasado a lo largo del día. No voy a hacer una detallada lista de las cosas maravillosas que allí me sucedieron, pero sí, fue casi como siempre había querido que sea, con lujo de detalles y todo.
Así fue que me hice amiga de mi conciencia y empecé a escucharla más seguido, de tanto en tanto nos encontramos, hacemos un interesante intercambio de experiencias, yo desde mi perspectiva y ella desde adentro, me ayuda cuando las cosas no andan bien y hasta me tira una idea. Dicen que los publicistas tenemos que estar muy en contacto con ella, yo hago mi esfuerzo diario por permitirle uno que otro desliz y se esta volviendo cada vez mas divertido.
Es que esto de soñar despierta es como viajar, pero sin viajar, es saber que la “vieja” que me encuentro cada mañana en el espejo, de vieja solo tiene historia e ideas que contar, nada más que eso. Por eso, yo a mi conciencia la perdoné, esa mañana no habló, pero es que se estaba reservando la mejor parte. Desde ese día, tengo una nueva amiga.
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